El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicicidad es el deseo de repetir.
Es posible que no seamos capaces de amar precisamnete porque deseamos ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo, en lugar de aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.
Es posible que todas la preguntas que inquieren acerca del amor, que lo miden, lo analizan, lo investigan, lo interrogan, también lo destruyen antes de que pueda geminar.